Navaja

Abrió la puerta con sigilo, esperando que no se dieran cuenta de su entrada, evitando el más mínimo sonido posible; incluso se sorprendió sin respirar mientras cruzaba el umbral de la puerta que conducía a la sala de la casa. "Sigilo ante todo", pensó al tiempo que revisaba en su bolsillo que la navaja estuviera ahí; sintió el botón que liberaba la hoja con el pulgar y apretó el mango de metal frío que resbalaba con el sudor de la mano. Caminó por el pasillo que le conducía a la alcoba de la planta baja donde dormía la sirvienta. Sujetó el pomo de la puerta y rezó mentalmente al dios en que no creía que no rechinara al momento de abrirse como sucede siempre en las películas; afortunadamente esto no sucedió y pocos segundos después se vio dentro de la alcoba de la mujer donde lo sorprendió la imagen de sangre que se cernía sobre la cama: la mujer, joven al parecer  (y bastante atractiva, apuntó para sus adentros) se encontraba desnuda en la cama con el cuello abierto transversalmente. Se acercó a la imagen y revisó el cuerpo, notó la sangre aún fresca y el calor del cuerpo: no tenía mucho tiempo muerta.

Tenía una fijación con la navaja, a pesar de la sobaquera que traía del lado izquierdo de la cual pendía la Smith & Weson .38 special, y aunque siempre era esta la que usaba en el último momento la extraña manía de sentir en la mano el mango de la navaja le tranquilizaba: era como un tic nervioso, incluso más que el cigarro que en esos momentos ansiaba.
Salió de la habitación y miró alrededor buscando un algo que le diera una pista, algo a que sujetarse  y no sentirse perdido en el vacío que poco a poco se cernía sobre él. Todo le indicaba que estaría allí, los casos anteriores, las similitudes, el cuerpo en la habitación era la última prueba que necesitaba. Con eso se ganaría el respeto de todos en la agencia, del Viejo incluso, aquél que le decía que siguiera sus corazonadas a pesar de los lejanas que pudieran parecer; eso mismo hacía en ese instante.
Caminó rumbo a las escaleras, parecía una sombra en la noche, una pantera cazando a su presa. Subió las escaleras con tal lentitud que los segundos que tardó en llegar al primer descanso le parecieron horas completas. Continuó su avance por la escalera.
Escuchó un ruido y maquinalmente se detuvo, esforzó su oido por volver a escucharlo: ahí estaba, un gemido entrecortado, que le hizo continuar su marcha dejando de lado tanta precaución. Otra vez el gemido, llevó la mano a la sobaquera y desenfundó, se parapetó contra la pared y avanzó hasta la puerta inmediata a la escalera, sintió recorrer el sudor en su cara, en sus manos que aferraron la pistola. Tomó la manija y abrió al tiempo que pateba con brusquedad la puerta apuntando al interior de la puerta.
Vio a la mujer tirada en mitad de la cama, amordazada y atada. En el piso, a sus pies, un hombre completamente desnudo con las manos y pies atados. Ambos sangraban profusamente pero era incierto saber la magnitud de sus heridas, no hasta acercarse. Se acercó al hombre y le miró, lo revisó buscando alguna herida por donde escapara la sangre, descubrió horrorizado el pene mutilado del hombre al igual que los testículos, aún vivía. Ella sólo tenía contusiones y sangraba de la nariz y boca por los golpes recibidos. Desató a la mujer que comenzó a llorar profusamente sin poder articular alguna palabra, sólo sollozos. Llamó a la policía y pidió una ambulancia y la presencia de oficiales en la casa. 
Regresó con el hombre del piso intentó calmar la hemorragia aplicando presión con la sábana en la zona donde debían encontrarse los genitales.
Lo último que escuchó fue el grito de la mujer y después de ello vino el golpe con el taburete en el rostro que lo dejó son sentido. Para cuando llegaron los oficiales el hombre castrado estaba muerto al igual que la mujer a la que encontraron con la garganta abierta en la cama, él despertó en el hospital donde estaba incomunicado y al parecer custodiado. Se le informaría más tarde que sus huellas fueron encontradas por toda la casa, que el arma encontrada había sido una navaja de resorte y con la cual se perpetraron los crímenes. 

Carta a los Reyes

I
Raúl tomó la carta de su pequeño Ricardo, acababa de cumplir 5 años y era la primera carta que les hacía a los Reyes magos. Todo parecía perfecto, le iba muy bien en su trabajo y acababa de ser promovido a un puesto excelente en la empresa y todo a su corta edad pues no llegaba a cumplir aún los 30; tenía un matrimonio hermoso con Fernanda a la que amaba profundamente a pesar de que habían cometido, según los padres de ella, el error de embarazarse a los 22 años y su relación no duraría según los pronósticos de los padres de ambos; ellos no sabían lo que era el amor que se profesaban. Y ahora una satisfacción más, su pequeño hijo Ricardo, nombrado en honor al padre de ella para agradarles más, porque cabe decir que realmente no se llevaban muy bien, escribía su primera carta a los Reyes magos. La vida no podía ser tan cruel como todos le decían, no con estas cosas tan perfectas como las que le sucedían a él en estos momentos.
Leyó con un poco de dificultades la carta de Riqui donde específicamente pedía uno de esos juguetes de los Transformers que se anunciaban por toda la televisión, quería particularmente al trailer jefe de los autobots, Otimus ponía en su carta; pedía también una bicicleta para salir con su amigo de la escuela que vivía en el mismo edificio que ellos y que ya tenía su bici, se imaginó rápidamente enseñándole a su hijo a andar en bicicleta como su padre lo hiciera con él hace muchos años. Por lo demás cerraba Riqui su primer carta con un "Cuida mucho a mis papis."
No pudo evitar contener la lágrima que le caía al momento que su esposa entraba al cuarto después de llegar del baño. Se besaron y se dispusieron a dormir, era tarde; acordaron ir al día siguiente a comprar los juguetes del niño después de dejarlo con su abuelo, que a pesar de que odiaba al papá adoraba al nieto como todos los abuelos celosos. Estaba en la cama y continuaron besándose hasta que la fuerza de los besos hizo que terminaran haciendo el amor. Por fin se quedaron dormidos en una bonita estampa. El último pensamiento de Raúl era que la vida era buena.

II
"Queridos Reyes Magos:
Este año me he portado bien he ido más días a la escuela ya no es tan dificil y estoy aprendiendo a sumar quebrados que me eran muy dificilies porque como el año pasado no fui mucho a la escuela por ayudarle a mi mamá en el puesto pues me costaban trabajo. Mi hermanita Juanita si va a la escuela todos los días, es muy lista y sé que le trairan algo para que se entretenga, por lo menos una muñeca porque su Ramona que es su otra muñeca ya se le cayó una mano.
Lo que yo quiero este año es que por favor nos vaya mejor en el puesto porque mi mamá se preocupa por no tener dinero para darnos de comer a Juanita y a mi, y hay veces en las que ella se queda sin comer por darnos a nosotros. Sé por ejemplo que ella se pone a llorar en las noches porque no tiene nada que darnos y en esos momentos quisiera llegar y abrazarla para que no se sienta triste.
Extraña mucho a mi papá y nosotros también pero no lloramos para que ella no se sienta triste.
Por eso quiero pedirles que este año nos manden mucho dinero para que no tengamos preocupaciones y yo pueda ir a la escuela que me gusta un montón y ella este contenta.
Gracias
Gabriel"

III
Don Roque de la Peña era un gran empresario, manejaba siete empresas todas completamente suyas, además tenía acciones en compañías de amigos a los que tiempo atrás les había prestado para que comenzaran sus negocios. Sobra decir que era muy rico y tenía mucho dinero.
Vivía en Las Lomas con su hija Jasmín que tenía 23 años y estudiaba administración de empresas para que en un futuro su padre le dejara el emporio. Su otro hijo, Sergio, vivía con su madre de la que Don Roque se había separado cuando Jasmín tenía 15 y Sergio 13, él estudiaba ciencias políticas en la UNAM.
Don Roque sabía de antemano que su hijo era un completo "radical", que abogaba por las personas y los explotadores, que a ojos del hijo, como él hacían su fortuna por los empleados. Era de la corriente que sin duda se drogaba con mariguana, como todos esos pseudoestudiantes de Filosofía de los que tanto hablaba su hija y veía como nacos; también sobra decir que no se llevaban padre e hijo.
A principios de ese año, la madre de Sergio sufrió un síncope cardiaco y murió en un instante sin que nadie pudiera hacer algo. De alguna manera extraña, como esa vueltas que da la vida, el padre le ofreció cobijo al hijo, pues al fin y al cabo era su hijo. Sergio por supuesto que no aceptó y dijo que viviría solo en el departemento en donde había vivido con su madre hasta ese tiempo, también dejó en claro que no quería volver a saber nada de él. Y a partir de ese instante no se volvieron a ver ni hablar..
Don Roque recordaba todo esto ahora que en la oficina del corporativo le llegaba un paquete de su hijo. Le extraño mucho recibir un paquete de él. así que lo abrió y encontró dos cartas. Abrió la primera y la leyó hasta que encontró la instrucción de abrir la otra carta. La segunda carta era de esas cartas prehechas de los reyes magos que se venden por esas fechas navideñas, la abrió y al desdoblarla un sencillo mecanismo de ligas hizo que la carta arrojase un polvo blanco a la cara del padre. Leyó la única frase que decía la carta "Viva la Revolución". Don Roque se comenzó a morir lentamente sin acabar de leer la carta primera donde le explicaba Sergio que el polvo no era más que talcol, pero que era sólo una advertencia. Después de todo, ser un gran empresario trae sus consecuencias como el estrés y los ataques cardiacos repentinos.

El Lunar

David se levantó y observó a Mercedes a su lado durmiendo plácidamente; era la segunda vez que dormían juntos una noche completa desde que ambos quedaron en la misma cama en casa de Dora durante su fiesta de cumpleaños. Recordó brevemente aquella vez y sonrió recordando lo ebrios que estaban y la forma en como torpemente se quitaban la ropa para quedarse dormidos... fue algo chusco el despertarse y mirarse sabiendo que ambos estaban desnudos en la misma cama y nada había pasado. Ahora, esta segunda vez había sido meses después de aquella.
Mercedes tenía un lunar en el hombro izquierdo que descubrió David la segunda vez que la vio desnuda, exactamente en una parte que ella no alcanzaba a ver. Esa vez había llovido y ambos caminaban por la calle tomados de la mano; David había decidido hablar con ella y decirle lo que en verdad sucedía desde esa vez de lo de Dora. Hablaron en un café durante un rato hasta que él le dijo que le gustaba desde hacía mucho y ella le respondió de igual forma, se besaron. Caminaron hasta que comenzó a llover. La primera reacción fue guarecerse de la lluvia, se pusieron bajo un techito esperando a que terminara de llover y se besaron por segunda vez. Decidieron unos cuantos besos después que el agua no calmaría y optaron por caminar bajo la lluvia tomados de la mano hasta que llegaron al departamento donde vivía David. Hicieron el amor mientras se quitaban la ropa mojada.
David miraba el lunar encontrado ese día con la luz que se colaba de la ventana. Por un momento sintió miedo, algo que no podía explicar... un miedo lejano a la soledad, a perder a esa persona que dormitaba por segunda vez con él esta vez plenamente conscientes. ¿La amaba? Era una constante en su cabeza... sí, pensaba recordando esas sonrisas que tenía en la mente, esas caricias que horas antes ambos se dedicaran. Sollozó un poco al encontrar la respuesta que sabía de antemano, mejor dicho de confirmar. Sintió a Mercedes moverse y la miró voltearse hacia él y sonreirle somnolienta. "¿Qué pasa" preguntó ella. "Nada," respondió "sólo miro tu lunar" y después de eso la abrazó y quedó dormido a su lado con una sonrisa.

Rumores

Silvia miró el espacio cubierto de estrellas. Eran las ocho de la noche y estar recostada en la costa observando estrellas le tranquilizaba en sobremanera después de que Hugo le dijo que no la quería. ¡Pinche Hugo!, pensó después de todo lo que ella había hecho por él y así le pagaba, rechazándola. A ella, que le ayudó a intalarse cuando llegó a la ciudad y no conocía a nadie, cuando ella le mostró que sus amigos para que no se sintiera solo, que incluso le ayudó con el jefe para que pudiera salir temprano durante una temporada para hacer las cosas pendientes... No, no era justo.
Se sentó sobre la arena fría, se sentía en el aire una brisa fresca pero fría después de un rato de estar en ella, ya había llorado lo suficiente. Decidió irse a la casa antes que se hiciera más tarde y no encontrara camión alguno, sabía de antemano que no lo haría que no le llamaría nunca más a pesar de que él lo hiciera, había decidido ser lo más cortante que pudiera con él, lastimarlo antes de salir más lastimada ella; sí, eso es lo que haría a partir de ahora.
Caminó hacia la calzada llena aún de personas que platicaban sobre las fiestas. Época de fiestas, de carnavales donde todo lo que importaba era divertise, y ella que no se sentía feliz en lo más mínimo.... ¿cómo poder disfrutar algo que no te hace feliz en estos momentos? Fue entonces cuando vio a Reyna, se veía pálida y enferma caminando rumbo a ella, tropezando a cada paso que daba, empujando a las personas delante de ella. Cuando por fin se encontraron frente a frente Silvia le preguntó a Reyna si estaba bien. No, no estoy bien, le dijo Reyna, quiero morirme... ¿Por qué, qué paso, qué tienes...? Es Hugo, respondió la muchacha al tiempo que se avalanzaba a los brazos de Silvia que la recibió en un abrazo sosteniéndola y escuchándola sombríamente.... ¿¡Hugo, que le pasa a Hugo!?, pensó angustiada, el coraje sentido apenas un minuto antes desapareció sin dejar rastro de ello, como si nunca hubiera existido. ¿Qué le pasa a Hugo?, preguntó ahora sí hacia su amiga que sollozaba y a duras penas podría responderle...
Es que Hugo está... y dejo de escuchar lo que Reyna le decía, sabía lo que pasaba y no podía hacer nada más que romper en llanto también... Al final de cuentas lo amaba

Tren (1)

Este cuento lo escribí a partir de uno que leí de Erensto (mi cuñado) y que me agradó por la situación en que se narró. Intentaré darle una vuelta. Espero que les guste :p

Caminé por la calle con rumbo a la estación. El boleto color café mencionaba las 8 como hora de salida. Tenía algunos minutos antes de abordarle y salir de Valparaiso. Tenía algunos días en la región, vacacionaba a pesar de la protesta de mis padres sobre el estado político del país. Sabían que iría con Linda, una amiga de toda la vida y que sus padres tenían una casa de campo en la provincia, cerca de la bahía por lo que después de unas cuantas llamadas de sus padres a mis padres logré que me dieran el permiso.
Viajé sola desde Santiago, el recorrido era cansado. Casi tres horas desde la estación Alameda donde dejé a mis padres que tengo que decir que estaban preocupados por mí ya que sería mi primer viaje sola. Miré mi lugar el 17 del quinto andén, al lado de la ventana por lo que pude ir viendo el recorrido poco a poco conforme avanzaba. Miraba el cielo y me preguntaba si llovería y si no era estúpido el haber traido paraguas al viaje. Sentía que mi corazón latía más rápido de lo normal, estaba feliz y emocionada por el viaje.
Al poco rato me cansé de la ventana y opté por mirar el vagón, había pocas personas en él, ya que muchos de los que viajaban preferían hacerlo en auto o en taxi. Mis padres tenían poco dinero; los últimos meses habían sido duros desde el principio del mandato de Allende; mi padre trabajaba en un banco pero de un tiempo para acá las cosas se habían puesto duras... Optaron por el tren que era de lo más barato y sólo serían poco más de tres horas en el peor de los casos; acompañé a mi madre a comprar los boletos tanto el de ida como el de regreso ya que el costo disminuía si lo hacías de esa forma.
Cuado me dí cuenta estaba en Viña del Mar, cosa que indicaba que estaba cerca de mi parada. Soñé con la vista al mar como no lo hacía desde niña días antes de las vacaciones de invierno en que fuimos a vacacionar a la playa... tenía años enteros que no veía el mar, y en verdad estaba emocionada de verlo. Agradecía a mi amiga el haberme invitado aún sin haber llegado.