La Entrevista

Esperaba sentada en la enorme sala sobre un sillón tan mullido que sentía que la tragaría como un poso de arenas movedizas. Revisó una vez más que la grabadora tuviese suficiente batería para la entrevista. Estaba tan nerviosa que sentía como sus manos chorreaban; comprobó nuevamente el olor que desprendía de sus axilas y le encontró agradable aún, por cualquier caso cargaba en su bolso un desodorante y toallas húmedas para cualquier emergencia: mujer precavida vale por dos.
Repasó mentalmente el tema de la entrevista: empezaría con cuestiones laborales como su nuevo disco, el rumor de la película de acción en la que su nombre sonaba bastante, y qué es lo que vendría después de la gira. Seguiría con cuestiones más personales: cuál era su opinión respecto al escándalo gubernamental de los impuestos, qué pensaba respecto al paso que muchos artistas dan hacia la política, que postura política presentaba en estos momentos. Finalizaría con algo imprevisto como el rumor de su sexualidad -que personalmente, le impacientaba a ella sobremanera-…
Estaba en éste último pensamiento cuando la puerta que conducía a la habitación se abrió. Lo primero que vio fue a una hermosa mujer vestida de traje sastre con una libreta en mano. Se levantó para saludar a la que era la secretaria que entraba con dirección a ella. Brevemente intercambiaron unas palabras donde la ayudante le recomendaba no ahondar en temas personales: ninguno sin excepción, ya que de no ser así la entrevista se terminaría al instante en cuanto alguno de estos temas se tocara; también le advirtió que ella estaría presente para verificar que todo estuviera en perfecto orden, y que además disponía tan sólo de 45 minutos ya que era una persona muy ocupada y tenía otras cosas en la agenda del día. Dichos estos lineamientos, la secretaria se retiró nuevamente por la habitación por la que había entrado a la sala avisándole que saldrían en unos cuantos minutos.
Viendo que gran parte de la entrevista que tenía planeada se estaba yendo al diablo, intentó replantear nuevamente el orden de las cosas: la primera parte podría seguir intacta, de la segunda podría realizar preguntas personales pero no tan profundas: los temas de política podría dejarlos pero maquillarlos un poco más, los de sus relaciones amorosas muy probablemente no saldrían a la luz…
Nuevamente fue interrumpida en sus pensamientos cuando la puerta se abrió.
Entraron, primeramente la secretaria seguida de Ella. Iba envuelta en una bata de seda, el pelo rubio recogido y unos lentes oscuros. La secretaría se acomodó en un sillón individual cercano a Ella pero unos pasos más atrás, de forma que podría escuchar completamente lo que se le cuestionaría. Ella por su parte se acercó al mullido sillón donde le esperaba y tendió la mano para que la estrecharan. Estaba nerviosa, dudó en contestarle el saludo debido a la humedad en las manos, pero finalmente lo hizo. Sintió la tersa piel de las manos de Ella, suave y fina, y un escalofrío recorrió su espalda. Se presentaron respectivamente, ella reportera de algún diario que venía a hacerle una entrevista a Ella; Ella, que no necesitaba presentación.
Ella se sentó en otro sillón tan mullido como donde estaba. Al sentarse, se abrió un poco la bata dejando ver las esplendorosas piernas bronceadas rematadas por unas zapatillas de tacón. No perdió ningún detalle de esto cuando nuevamente se sentaba al tiempo que encendía la grabadora para dar comienzo a la entrevista.
La primera parte de la misma se desarrolló como lo había planeado: la inspiración del nuevo disco había llegado repentinamente cuando terminaba la gira por España y no pudo menos que ponerse a escribir canciones y grabarlas; No, era mentira el rumor de su actuación en la película porque ni siquiera habían habido pláticas con los productores; y, primero debería comenzar la gira del nuevo disco y después ya se vería que es lo que viene… Después de esta parte laboral, dudó un poco con continuar con lo que tenía planeado. Le miraba a la cara, desprovista de los lentes oscuros desde casi el inicio de la entrevista, y no podía dejar de fijar la vista los ojos azules. Ella le sostenía la mirada y de vez en cuando sonreía de manera perversa a las preguntas. Su voz era limpia y fuerte, muy poco acento como imaginaba y a cada respuesta que le daba la sensación recorría su espalda. ¿Sería cierto el rumor…?
Continuaron, hablando de que opinaba del país y de su visita en años desde que lo había abandonado para irse a probar triunfo. Recordaron las primeras canciones y la diferencia con las nuevas, la profundidad de las letras de antes a las de ahora, incluso los cambios de ritmo. Ella sonreía sin parar e incluso de reírse con algunas de sus preguntas y comentarios. De un momento a otro, cuando le preguntó que pensaba sobre la famosa actriz que se había casado con un político, Ella se desamarró el pelo de forma muy sensual, lo cual no pasó desapercibido debido al titubeo en su voz al intentar aportar más la pregunta. La respuesta fue breve, dijo no estar de acuerdo en meterse en asuntos personales de otras compañeras, al tiempo que la mirada ojiazul buscaba los ojos cafés de ella.
Sintió cómo los colores subían a su rostro: Ella le miraba profundamente a los ojos. Nuevamente ese escalofrío, el sudor en las manos, ¿olería bien? Bajó la vista y se reconcentró en la próxima pregunta…
De pronto Ella le pidió a su secretaría -que había permanecido tras del sillón sin moverse, atenta a la entrevista- si podía ir a conseguirle algo de beber a la invitada ya que parecía que el calor apremiaba en la habitación. Imaginose roja como un tomate al oír que hablaba de ella tan casualmente aludiendo a su actitud. Se levantó del sillón y la bata dejo ver un poco más de las piernas broncíneas, comenzó a imaginar que habría debajo de esa bata y no pudo dejar de pensar en las fotografías en las que Ella había posado para una revista de caballeros. ¿Estaría desnuda debajo de la bata? La secretaría se levantó sin chistar y salió de la sala por una puerta contraria por donde habían entrado y la misma por la que ella entró. Ella se encaminó hacia la puerta y puso el seguro de la misma.
Sentía su corazón latir con fuerza, tanta que creía que se le escaparía del pecho en cualquier momento. Ella se sentó nuevamente frente a ella, ahora de una forma más descuidada, con las piernas abiertas; pero dudó un segundo y se reincorporó para sentarse junto a ella en el mismo mullido sillón. Dijo que para estar más cómodas en la entrevista. Volteó a verla, sentada a su costado y tuvo que volver la cara al encontrarse de pronto a un palmo de la de Ella, casi hincada sobre el sillón y con la bata bajándose un poco por los hombros. La imagen era sublime. Intentó seguir con la entrevista de la manera más profesional pero Ella comenzó a interrogarle: que otras cosas escribía, hacía mucho que era reportera, cuantos años tenía, tenía novio…
A partir de ahí, todo fue confuso. Recuerda como Ella se le trepó al tiempo que abría la bata dejando el cuerpo perfecto y completamente desnudo, como lo había imaginado tantas veces, a su vista. Los labios besándole, los ojos azules penetrando los suyos y las manos abriendo la blusa. Cómo poco a poco la lengua le recorría el cuello, la oreja y bajaba por entre el canal de los senos para llegar al ombligo. Le quitó el brasier y mordió juguetona los pechos. Despertó de su ensueño y se unió al juego besando su cuello y posando sus manos sobre las tan ansiadas nalgas de Ella…
Terminó horas después, desnudas, agotadas y sudorosas sobre el mullido sillón que ahora no le inquietaba en lo más mínimo el que la tragase. Se besaron una vez más y comenzó a vestirse. Recogió sus cosas mientras Ella se acomodaba nuevamente la bata de seda y se amarraba el pelo otra vez.
Meses después cuando otro nuevo rumor, el del romance con Él, se hacía más fuerte y enterraba al otro, escribió una nota para el periódico dónde afirmaba que Él y Ella pronto contraerían nupcias. Al terminar, sonrió satisfecha mientras le enviaba un “mentirosa” directamente al teléfono de Ella y reproducía nuevamente la grabación donde por más de tres horas podían escucharse los gemidos de ambas ese día de entrevista.

Navaja

Abrió la puerta con sigilo, esperando que no se dieran cuenta de su entrada, evitando el más mínimo sonido posible; incluso se sorprendió sin respirar mientras cruzaba el umbral de la puerta que conducía a la sala de la casa. "Sigilo ante todo", pensó al tiempo que revisaba en su bolsillo que la navaja estuviera ahí; sintió el botón que liberaba la hoja con el pulgar y apretó el mango de metal frío que resbalaba con el sudor de la mano. Caminó por el pasillo que le conducía a la alcoba de la planta baja donde dormía la sirvienta. Sujetó el pomo de la puerta y rezó mentalmente al dios en que no creía que no rechinara al momento de abrirse como sucede siempre en las películas; afortunadamente esto no sucedió y pocos segundos después se vio dentro de la alcoba de la mujer donde lo sorprendió la imagen de sangre que se cernía sobre la cama: la mujer, joven al parecer  (y bastante atractiva, apuntó para sus adentros) se encontraba desnuda en la cama con el cuello abierto transversalmente. Se acercó a la imagen y revisó el cuerpo, notó la sangre aún fresca y el calor del cuerpo: no tenía mucho tiempo muerta.

Tenía una fijación con la navaja, a pesar de la sobaquera que traía del lado izquierdo de la cual pendía la Smith & Weson .38 special, y aunque siempre era esta la que usaba en el último momento la extraña manía de sentir en la mano el mango de la navaja le tranquilizaba: era como un tic nervioso, incluso más que el cigarro que en esos momentos ansiaba.
Salió de la habitación y miró alrededor buscando un algo que le diera una pista, algo a que sujetarse  y no sentirse perdido en el vacío que poco a poco se cernía sobre él. Todo le indicaba que estaría allí, los casos anteriores, las similitudes, el cuerpo en la habitación era la última prueba que necesitaba. Con eso se ganaría el respeto de todos en la agencia, del Viejo incluso, aquél que le decía que siguiera sus corazonadas a pesar de los lejanas que pudieran parecer; eso mismo hacía en ese instante.
Caminó rumbo a las escaleras, parecía una sombra en la noche, una pantera cazando a su presa. Subió las escaleras con tal lentitud que los segundos que tardó en llegar al primer descanso le parecieron horas completas. Continuó su avance por la escalera.
Escuchó un ruido y maquinalmente se detuvo, esforzó su oido por volver a escucharlo: ahí estaba, un gemido entrecortado, que le hizo continuar su marcha dejando de lado tanta precaución. Otra vez el gemido, llevó la mano a la sobaquera y desenfundó, se parapetó contra la pared y avanzó hasta la puerta inmediata a la escalera, sintió recorrer el sudor en su cara, en sus manos que aferraron la pistola. Tomó la manija y abrió al tiempo que pateba con brusquedad la puerta apuntando al interior de la puerta.
Vio a la mujer tirada en mitad de la cama, amordazada y atada. En el piso, a sus pies, un hombre completamente desnudo con las manos y pies atados. Ambos sangraban profusamente pero era incierto saber la magnitud de sus heridas, no hasta acercarse. Se acercó al hombre y le miró, lo revisó buscando alguna herida por donde escapara la sangre, descubrió horrorizado el pene mutilado del hombre al igual que los testículos, aún vivía. Ella sólo tenía contusiones y sangraba de la nariz y boca por los golpes recibidos. Desató a la mujer que comenzó a llorar profusamente sin poder articular alguna palabra, sólo sollozos. Llamó a la policía y pidió una ambulancia y la presencia de oficiales en la casa. 
Regresó con el hombre del piso intentó calmar la hemorragia aplicando presión con la sábana en la zona donde debían encontrarse los genitales.
Lo último que escuchó fue el grito de la mujer y después de ello vino el golpe con el taburete en el rostro que lo dejó son sentido. Para cuando llegaron los oficiales el hombre castrado estaba muerto al igual que la mujer a la que encontraron con la garganta abierta en la cama, él despertó en el hospital donde estaba incomunicado y al parecer custodiado. Se le informaría más tarde que sus huellas fueron encontradas por toda la casa, que el arma encontrada había sido una navaja de resorte y con la cual se perpetraron los crímenes. 

Carta a los Reyes

I
Raúl tomó la carta de su pequeño Ricardo, acababa de cumplir 5 años y era la primera carta que les hacía a los Reyes magos. Todo parecía perfecto, le iba muy bien en su trabajo y acababa de ser promovido a un puesto excelente en la empresa y todo a su corta edad pues no llegaba a cumplir aún los 30; tenía un matrimonio hermoso con Fernanda a la que amaba profundamente a pesar de que habían cometido, según los padres de ella, el error de embarazarse a los 22 años y su relación no duraría según los pronósticos de los padres de ambos; ellos no sabían lo que era el amor que se profesaban. Y ahora una satisfacción más, su pequeño hijo Ricardo, nombrado en honor al padre de ella para agradarles más, porque cabe decir que realmente no se llevaban muy bien, escribía su primera carta a los Reyes magos. La vida no podía ser tan cruel como todos le decían, no con estas cosas tan perfectas como las que le sucedían a él en estos momentos.
Leyó con un poco de dificultades la carta de Riqui donde específicamente pedía uno de esos juguetes de los Transformers que se anunciaban por toda la televisión, quería particularmente al trailer jefe de los autobots, Otimus ponía en su carta; pedía también una bicicleta para salir con su amigo de la escuela que vivía en el mismo edificio que ellos y que ya tenía su bici, se imaginó rápidamente enseñándole a su hijo a andar en bicicleta como su padre lo hiciera con él hace muchos años. Por lo demás cerraba Riqui su primer carta con un "Cuida mucho a mis papis."
No pudo evitar contener la lágrima que le caía al momento que su esposa entraba al cuarto después de llegar del baño. Se besaron y se dispusieron a dormir, era tarde; acordaron ir al día siguiente a comprar los juguetes del niño después de dejarlo con su abuelo, que a pesar de que odiaba al papá adoraba al nieto como todos los abuelos celosos. Estaba en la cama y continuaron besándose hasta que la fuerza de los besos hizo que terminaran haciendo el amor. Por fin se quedaron dormidos en una bonita estampa. El último pensamiento de Raúl era que la vida era buena.

II
"Queridos Reyes Magos:
Este año me he portado bien he ido más días a la escuela ya no es tan dificil y estoy aprendiendo a sumar quebrados que me eran muy dificilies porque como el año pasado no fui mucho a la escuela por ayudarle a mi mamá en el puesto pues me costaban trabajo. Mi hermanita Juanita si va a la escuela todos los días, es muy lista y sé que le trairan algo para que se entretenga, por lo menos una muñeca porque su Ramona que es su otra muñeca ya se le cayó una mano.
Lo que yo quiero este año es que por favor nos vaya mejor en el puesto porque mi mamá se preocupa por no tener dinero para darnos de comer a Juanita y a mi, y hay veces en las que ella se queda sin comer por darnos a nosotros. Sé por ejemplo que ella se pone a llorar en las noches porque no tiene nada que darnos y en esos momentos quisiera llegar y abrazarla para que no se sienta triste.
Extraña mucho a mi papá y nosotros también pero no lloramos para que ella no se sienta triste.
Por eso quiero pedirles que este año nos manden mucho dinero para que no tengamos preocupaciones y yo pueda ir a la escuela que me gusta un montón y ella este contenta.
Gracias
Gabriel"

III
Don Roque de la Peña era un gran empresario, manejaba siete empresas todas completamente suyas, además tenía acciones en compañías de amigos a los que tiempo atrás les había prestado para que comenzaran sus negocios. Sobra decir que era muy rico y tenía mucho dinero.
Vivía en Las Lomas con su hija Jasmín que tenía 23 años y estudiaba administración de empresas para que en un futuro su padre le dejara el emporio. Su otro hijo, Sergio, vivía con su madre de la que Don Roque se había separado cuando Jasmín tenía 15 y Sergio 13, él estudiaba ciencias políticas en la UNAM.
Don Roque sabía de antemano que su hijo era un completo "radical", que abogaba por las personas y los explotadores, que a ojos del hijo, como él hacían su fortuna por los empleados. Era de la corriente que sin duda se drogaba con mariguana, como todos esos pseudoestudiantes de Filosofía de los que tanto hablaba su hija y veía como nacos; también sobra decir que no se llevaban padre e hijo.
A principios de ese año, la madre de Sergio sufrió un síncope cardiaco y murió en un instante sin que nadie pudiera hacer algo. De alguna manera extraña, como esa vueltas que da la vida, el padre le ofreció cobijo al hijo, pues al fin y al cabo era su hijo. Sergio por supuesto que no aceptó y dijo que viviría solo en el departemento en donde había vivido con su madre hasta ese tiempo, también dejó en claro que no quería volver a saber nada de él. Y a partir de ese instante no se volvieron a ver ni hablar..
Don Roque recordaba todo esto ahora que en la oficina del corporativo le llegaba un paquete de su hijo. Le extraño mucho recibir un paquete de él. así que lo abrió y encontró dos cartas. Abrió la primera y la leyó hasta que encontró la instrucción de abrir la otra carta. La segunda carta era de esas cartas prehechas de los reyes magos que se venden por esas fechas navideñas, la abrió y al desdoblarla un sencillo mecanismo de ligas hizo que la carta arrojase un polvo blanco a la cara del padre. Leyó la única frase que decía la carta "Viva la Revolución". Don Roque se comenzó a morir lentamente sin acabar de leer la carta primera donde le explicaba Sergio que el polvo no era más que talcol, pero que era sólo una advertencia. Después de todo, ser un gran empresario trae sus consecuencias como el estrés y los ataques cardiacos repentinos.

El Lunar

David se levantó y observó a Mercedes a su lado durmiendo plácidamente; era la segunda vez que dormían juntos una noche completa desde que ambos quedaron en la misma cama en casa de Dora durante su fiesta de cumpleaños. Recordó brevemente aquella vez y sonrió recordando lo ebrios que estaban y la forma en como torpemente se quitaban la ropa para quedarse dormidos... fue algo chusco el despertarse y mirarse sabiendo que ambos estaban desnudos en la misma cama y nada había pasado. Ahora, esta segunda vez había sido meses después de aquella.
Mercedes tenía un lunar en el hombro izquierdo que descubrió David la segunda vez que la vio desnuda, exactamente en una parte que ella no alcanzaba a ver. Esa vez había llovido y ambos caminaban por la calle tomados de la mano; David había decidido hablar con ella y decirle lo que en verdad sucedía desde esa vez de lo de Dora. Hablaron en un café durante un rato hasta que él le dijo que le gustaba desde hacía mucho y ella le respondió de igual forma, se besaron. Caminaron hasta que comenzó a llover. La primera reacción fue guarecerse de la lluvia, se pusieron bajo un techito esperando a que terminara de llover y se besaron por segunda vez. Decidieron unos cuantos besos después que el agua no calmaría y optaron por caminar bajo la lluvia tomados de la mano hasta que llegaron al departamento donde vivía David. Hicieron el amor mientras se quitaban la ropa mojada.
David miraba el lunar encontrado ese día con la luz que se colaba de la ventana. Por un momento sintió miedo, algo que no podía explicar... un miedo lejano a la soledad, a perder a esa persona que dormitaba por segunda vez con él esta vez plenamente conscientes. ¿La amaba? Era una constante en su cabeza... sí, pensaba recordando esas sonrisas que tenía en la mente, esas caricias que horas antes ambos se dedicaran. Sollozó un poco al encontrar la respuesta que sabía de antemano, mejor dicho de confirmar. Sintió a Mercedes moverse y la miró voltearse hacia él y sonreirle somnolienta. "¿Qué pasa" preguntó ella. "Nada," respondió "sólo miro tu lunar" y después de eso la abrazó y quedó dormido a su lado con una sonrisa.

Rumores

Silvia miró el espacio cubierto de estrellas. Eran las ocho de la noche y estar recostada en la costa observando estrellas le tranquilizaba en sobremanera después de que Hugo le dijo que no la quería. ¡Pinche Hugo!, pensó después de todo lo que ella había hecho por él y así le pagaba, rechazándola. A ella, que le ayudó a intalarse cuando llegó a la ciudad y no conocía a nadie, cuando ella le mostró que sus amigos para que no se sintiera solo, que incluso le ayudó con el jefe para que pudiera salir temprano durante una temporada para hacer las cosas pendientes... No, no era justo.
Se sentó sobre la arena fría, se sentía en el aire una brisa fresca pero fría después de un rato de estar en ella, ya había llorado lo suficiente. Decidió irse a la casa antes que se hiciera más tarde y no encontrara camión alguno, sabía de antemano que no lo haría que no le llamaría nunca más a pesar de que él lo hiciera, había decidido ser lo más cortante que pudiera con él, lastimarlo antes de salir más lastimada ella; sí, eso es lo que haría a partir de ahora.
Caminó hacia la calzada llena aún de personas que platicaban sobre las fiestas. Época de fiestas, de carnavales donde todo lo que importaba era divertise, y ella que no se sentía feliz en lo más mínimo.... ¿cómo poder disfrutar algo que no te hace feliz en estos momentos? Fue entonces cuando vio a Reyna, se veía pálida y enferma caminando rumbo a ella, tropezando a cada paso que daba, empujando a las personas delante de ella. Cuando por fin se encontraron frente a frente Silvia le preguntó a Reyna si estaba bien. No, no estoy bien, le dijo Reyna, quiero morirme... ¿Por qué, qué paso, qué tienes...? Es Hugo, respondió la muchacha al tiempo que se avalanzaba a los brazos de Silvia que la recibió en un abrazo sosteniéndola y escuchándola sombríamente.... ¿¡Hugo, que le pasa a Hugo!?, pensó angustiada, el coraje sentido apenas un minuto antes desapareció sin dejar rastro de ello, como si nunca hubiera existido. ¿Qué le pasa a Hugo?, preguntó ahora sí hacia su amiga que sollozaba y a duras penas podría responderle...
Es que Hugo está... y dejo de escuchar lo que Reyna le decía, sabía lo que pasaba y no podía hacer nada más que romper en llanto también... Al final de cuentas lo amaba